¿Podremos reírnos en el silencio del cosmos? - JORGE ALBERTO COLLAO

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¿Podremos reírnos en el silencio del cosmos?

JORGE ALBERTO COLLAO
Tanto al perseguir el orden alfabético propuesto, como luego al releer en total desorden las ficciones aquí contenidas, el lector quedará más que convencido de la calidad literaria intrínseca de la treintena de relatos que deambulan entre la fantasía más desbocada, creando mundos imposibles y bellos, hasta alcanzar la especulación, con implacable rigor científico no exento de humor, para desembocar en el perpetuo horror de nuestra historia reciente.
¿Podremos reírnos en el silencio del Cosmos? de Jorge Alberto Collao, da cuenta de la buena salud del género fantástico en las nuevas letras chilenas. Pues somos invitados a perder la razón en cada página, y a recuperarla, pero en otro cuerpo, viajando por el espacio/tiempo, o entre líneas descarriadas, sin temor de los laberintos del corazón, aceptándonos culpables de antemano, aunque apostando la vida en cada lectura.
Lo primero que causa duda o extrañeza es porqué en los títulos de mis dos libros publicados a la fecha, son tan largos. Comenzando por los publicado en 2014 se llama “Tal vez solo seamos los dioses de las hormigas”, y este que presentamos hoy, llamado “¿Podremos reírnos en el silencio del cosmos?”
El primero es una novela, y el que presento hoy, es una colección de narraciones que abarcan los géneros de ciencia ficción, o especulación científica -como me gusta decir a mí- pero también incluye textos de fantasía, terror, suspenso, también textos realistas. Y los títulos tan largos -aclaro que tampoco lo tengo muy claro- es quizá una especie de afán por abarcar más de lo que me está permitido, ir, o al menos, intentar ir más allá para forzar la imaginación todo cuanto me fuese posible. Y esto creo yo -en un mundo vertiginoso como el de hoy- donde el shock de la información es tan profundo, implica una responsabilidad quizá mayor que la de antaño.
Si antes la información costaba encontrarla, era trabajoso, difícil, de lo que fuera. Hoy pasa todo lo contrario. ¿De toda la información que nos apabulla, que casi nos ahoga….que es lo importante? ¿Cómo filtrar? Y creo que esa es una de las razones por las cuales escribo, para poner a prueba no solo mi versión del mundo, sino la versión que tengo del mismo universo.
Si apenas hace un siglo, Einstein nos hizo dudar de la naturaleza del tiempo demostrando que este no transcurre igual ante fuerzas como la gravedad, diciendo que todo es relativo y que lo único constante que existe en el universo es la velocidad de la luz. Hoy por hoy, Magueijo nos plantea que la misma velocidad de la luz tampoco es constante bajo ciertas condiciones. Por otro lado, el desarrollo de las matemáticas más allá del cálculo de magnitudes, ha llegado a tal punto que algunos intelectuales plantean que no sería tan “exacta” como nosotros pudiésemos creer. Lo que ha llevado, entre otras cosas, que las tres dimensiones que nosotros podemos entender de la realidad visible, serian en realidad once dimensiones. Teorías como El Big Bang o el Big Crunch se ven ahora en entredicho con la aparición de las nociones de Materia y Energía oscura. La explicación de la existencia del universo a través del modelo de la teoría de cuerdas se ha proyectado más allá dando paso a la teoría M o teoría de membranas. En fin, o el modelo planteado por científicos como Tegmark en que no existiría solo este universo que ya en si es inconmensurable, sino universos infinitos llegando a plantear incluso, que en algunos de ellos las leyes físicas que consideramos como universales, en estos universos no existirían, o serian radicalmente diferentes.
Así, especular sobre la inteligencia, sobre la vida en otros mundos, ha sobrepasado la fantasía. Autores como Stanislav Lem en 1961 hasta Chang en el 2000 nos plantearon en su momento, por ejemplo, que de existir algún ser inteligente en alguna parte, podría ser imposible llegar a establecer algún tipo de comunicación.
Y siguiendo esta línea de especulación, los avances de la lingüística incluso van más allá, y plantean que es bastante probable que eso sea la regla, y que estos extraterrestres, esta vida, o estas inteligencias, por ejemplo, ni siquiera se hayan topado con las matemáticas, y que estas no sean un descubrimiento después de todo, sino un invento.
Investigaciones aquí en nuestro mundo, desde los organismos extremófilos que pueden vivir perfectamente en ambientes ácidos o en agua hirviendo, o investigaciones de habilidades humanas extraordinarias en genios como Daniel Tammet, nos hacen imaginar que la vida no es tan estrecha y definible como creemos.
Ese pedazo de roca inerte que llamamos Luna, podría incluso no serlo. Se sabe de pequeños destellos debido a especies de géiseres de gas, que incluso podría ser agua, ya que se sabe que existe en forma de hielo, y más aún, no se descarta que la actividad volcánica que tuvo hace millones de años, podría existir todavía.
Sabemos que existe actividad volcánica en algunos planetas y lunas, que existen mares con marejadas y oleajes de elementos líquidos que no son agua, que hay tormentas, que llueve, en fin.
Nos fijamos mucho en el seco planeta Marte cuando en Mercurio, aun con su cercanía a nuestro Sol, se sabe que hay grandes depósitos de hielo. Y solo en 2002, científicos sugirieron que ciertos gases presentes en la atmósfera de Venus no pueden existir juntos pues reaccionan y se destruyen, pero ahí están, existen, y una explicación puede ser que provienen de alguna clase de organismo biológico.
Podríamos hablar horas y horas sobre estas maravillas.
Existen bellezas absolutamente inusitadas en nuestro pequeño vecindario, en nuestro sistema solar. Como la eterna tormenta hexagonal en la atmósfera de Saturno… ¿podemos imaginarlo? O el reciente descubrimiento de un gigantesco planeta que casi toca a su propio sol, con temperaturas infernales, pero en cuya superficie sin embargo llueve…y los científicos creen que cuando se desatan estas lluvias, lo que cae del cielo en vez de gotas de agua como en la tierra, lo que llueve son cristales….y que clase de cristales, se preguntaran Ustedes. Pues los científicos creen que lo que llueve en ese mundo que no tiene nombre, que solo tiene una denominación, un código, es nada más y nada menos, que rubíes… ¿Se lo imaginan? ¿Pueden imaginarlo?
Por eso escribo, por eso imagino, por eso especulo.
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